martes, 3 de noviembre de 2009

Oro nosotros, siempre seremos ¡ORO!

Saludablemente trabajo ya para mis vacaciones. Trabajo, pienso en las vacaciones.

Trabajando en las vacaciones a veces no sé si estoy trabajando o estoy de vacaciones. Puede que ya sea lo mismo trabajar o vacacionar ¡Puede!

El cielo ya está azul. Gracias al cielo que ya empezó el otoño y pronto llegará el invierno.

Todos están (estamos) esperando el invierno para poder salir a la calle, para poder caminar al aire libre y disfrutar el aire puro y fresco. El cielo ya tiene algunas nubes y algún que otro destello de sol y muchas avionadas estelas que se entrecruzan por aquí y por allí ¡Divinas!

Me refresco y bebo un oro verde, que rica bebida en el exterior ¡Qué exótica! ¡Qué común y poco brillante en las originarias tierras! donde ni un sorbo en aquellos tiempos le he dado.

Las vacaciones, la arena y el oro verde juntos me dan ese estepado aroma salado y celestial de la juventud primera, aquellas tardes junto al mar furioso que no paraba de crecer y crecer e inundar todo a su paso, que preciosas tardes esas en las que el sol acompañaba cada tronar, incondicional.

¡Oro verde! Aquí me tienes rendido ante el estupor que generas.

Toda esta es nueva y yo sé que de cesar no ha.

Brillante el mar del que hablé antes.

Amarillo el sol que solía sonar.

Estepados esos montes de los que salí ayer cuando aún estaba esperando el despertar.

Quiero.

Debo.

Puedo.

Y aún así espero aquí, una nueva señal.

Saludablemente seguiré vacacionando mientras trabajo entre estos nuevos aromas celestiando el espacio a mi alrededor en lo más alto de este cielo que no deja de brillar, de brillarme, de encontrarme, de maravillarme, de convencerme y de poderme.

Celestiaré.

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